MEDIO ORIENTE

Agua, luz, petróleo

31 de marzo de 2026

Trump dijo el lunes que si Irán no abre el Estrecho de Ormuz, Estados Unidos no solo destruirá sus plantas eléctricas y pozos de petróleo sino también "posiblemente todas las plantas desalinizadoras". Es la primera vez que un presidente estadounidense amenaza explícitamente con destruir infraestructura de agua potable de un país. Expertos internacionales de derechos humanos y funcionarios de la ONU han dicho que la amenaza de atacar plantas eléctricas constituye un posible crimen de guerra. Agregar desalinizadoras escala la amenaza a un nivel distinto.

Irán es un país árido con graves problemas de escasez hídrica. Las desalinizadoras abastecen a ciudades costeras enteras. Destruirlas no afecta capacidad militar: afecta la vida de millones de civiles que necesitan agua para beber. Es la definición de castigo colectivo. Lo mismo aplica a las plantas eléctricas: sin electricidad no funcionan hospitales, cadenas de frío para medicamentos y alimentos, ni sistemas de comunicación.

La Casa Blanca dijo que Trump todavía quiere un acuerdo antes del 6 de abril. Pero la amenaza de destruir agua, energía y combustible no es diplomacia: es asedio. La lógica es que el sufrimiento civil forzará a Teherán a negociar. Es la misma lógica que no funcionó en Irak, que no funcionó en Siria, y que rara vez funciona en ninguna parte. Los regímenes autoritarios no caen por sed. Caen cuando el ejército se da vuelta. Y el ejército iraní sigue disparando.