El euro digital y la tortuosa burocracia europea
27 de febrero de 2026Europa tiene un problema de prioridades. El 10 de febrero, el Parlamento Europeo votó a favor de avanzar con el euro digital, la moneda electrónica del BCE que lleva seis años en gestación y que, si todo sale bien, debutaría en 2029. La votación fue indicativa, no legislativa, una expresión de apoyo incorporada al informe anual del BCE: 438 votos a favor, 158 en contra. El voto real en comisión se espera para mayo. Christine Lagarde aprovechó la ocasión para asegurar que el BCE "no tendría acceso a datos personales" y que el efectivo "es la reina". Nadie le preguntó quién sería el rey.
El argumento oficial es soberanía monetaria: Europa depende de Visa y Mastercard para sus pagos minoristas, y eso la hace vulnerable. Es un argumento razonable en abstracto. Pero hay algo casi cómico en la velocidad a la que Bruselas se mueve. La Comisión propuso el euro digital en junio de 2023. Tres años después, el Parlamento recién logró una votación indicativa. El proyecto legislativo estuvo estancado dos años más de lo que el BCE anticipaba. Si la legislación se aprueba en 2026, las pruebas empezarían en 2027 y el lanzamiento llegaría en 2029. Siete años de reuniones, borradores, enmiendas y lobbying bancario para crear algo que básicamente ya existe en el sector privado.
Mientras tanto, Japón acaba de darle a su primera ministra el mandato más grande de la posguerra para reformar su constitución pacifista. Estados Unidos está intentando cerrar dos guerras al mismo tiempo. China construye un ejército diseñado para tomar Taiwán. Y Europa debate si su moneda digital debería funcionar offline. La desconexión entre lo que pasa en el mundo y lo que ocupa a Bruselas ya no es un problema de timing, es un problema de concepción. La Unión Europea piensa en regulaciones cuando el resto del mundo piensa en poder. Fabrica instrumentos burocráticos en un mundo que se está reorganizando por la fuerza.
Lo más revelador es la retórica: los socialdemócratas celebraron el voto como un golpe contra "la presión de la administración Trump." Es decir, Europa responde al desafío geopolítico estadounidense con una app de pagos. Hay algo profundamente europeo en eso, y no es un elogio.